Nuestro final para el cuento “El hombre pálido” de Francisco Espínola

Era muy temprano a la mañana, cuando Elvira asumió que por más que intentara, no lograría conciliar el sueño, entonces envuelta en una mañanita, decidió adelantar las tareas del día, empezando por sacar agua del pozo. Tomó coraje para atravesar la cocina y con suerte encontrar dormido al hombre que ahí, debería estar, pero para su sorpresa él ya no estaba; no se animó a buscarlo por miedo a como él reaccionaría.

Emprendió el camino hacia el pozo, distraída pensando en ese hombre, que, de la noche a la mañana se había ido sin dejar rastro alguno. En su propio mundo iba, hasta que, vio algo fuera de lo común: un caballo grande, flaco y de un marrón muy intenso, pero hubo algo que la dejo sin aliento; el caballo estaba ensillado y todo mojado. Eso quería decir  que había pasado toda la noche ahí. Con miedo pero con una intriga aun mayor, deicidio seguir caminando hacia el, hasta que  se ahogo en un solo grito. De lejos apareció Carmen, que al escuchar el grito, salto de la cama y fue hasta ahí. Al ver lo que allí yacía, sin una solía muestra de compasión dijo: -yo sabia que un dia tendríamos un caballo así. y después, dirigiéndose a Elvira, -ve y busca una pala, a este hay que enterarlo antes de que llegue tu padre- le dijo

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